Eres tan intrigante para mi y a la vez tan conocido, tan cercano y a la vez esquivo, que paso las horas muertas pensando qué hablarte para romper esta barrera que me mantiene a la distancia.
Son cadenas, mas no gruesas, las que me atan y me condenan en este silencio sin razón, pues razón tengo para querer contarte cuan iguales somos y cuan diferentes hemos nacido.
Solo al mirarte percibo con claridad en mis sentidos todos los pensamientos perdidos que por mi culpa fugados se han, y en mi caso recluidos por falta de racionalidad.
Mas espero, amigo mío, que algún día pueda desatar el torbellino de palabras que noto en mis labios nacer y así no pienses que esta dama no tiene ningún interés, pues te aseguro con toda mi alma que es tu presencia lo que me hace enmudecer.
Esto lo escribí por alguien en especial, por quien siento un terrible aprecio y una gran afinidad y con la que, sin embargo, soy incapaz de hablar apenas dos palabras. Tal vez, algún día, le diga de la existencia de este escrito y nos riamos sobre ello y quien sabe, por fin se rompa la maldición.
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